sábado, mayo 21, 2005

De esas banalidades que se dicen

Los viajes a la Universidad Simón Bolívar en compañía de mi siempre fiel discman suelen resultan muy productivos. Por lo general siempre voy divagando y las diferentes actividades que voy realizando a lo largo del día no me dejan mantener pensamientos con coherencia entre ellos. Pero ayer y hoy han sido días diferentes por lo que representan.
Ahunado a ello, una de mis mejores amigas tiene la particularidad de siempre conversar conmigo sobre temas que he pensado esa tarde. Es ella quien saca los temas a colación, es muy raro, pero interesante.
Me hacía el comentario de cómo se le dificulta tomar en cuenta pequeños detalles de los demás - cómo un gesto o el olor de una colonia o perfume - y que tal vez ésa era una de las razones por las que no había llegado a sentir nada realmente fuerte por nadie.
Después de haberlo analizado brevemente esa tarde (antes de que me lo preguntara) me di cuenta (oh, gran descubrimiento! ¬¬) de que en realidad eso tiene poco o nada que ver con el asunto. Me salió espontáneamente un "olvídate, he 'descubierto' que eso pasa y ya, tú no lo controlas pero ni en un ápice".
El día que conocí al que es hace un buen tiempo mi "ex", recuerdo claramente el pensamiento que llegó a mí. "Esto puede traerme muchos problemas". Me trajo muchos problemas, realmente. Pero ese es el segundo punto.
Toda relación es, en cierta forma, masoquista. Es relacionarte en todo aspecto con alguien a quien no conoces realmente, que trae todo un bagaje, requiere de compromiso y sacrificio. Pero uno lo hace porque quiere, realmente, uno lo hace por motivos que desconoce. Porque, ¿qué es lo que realmente te hace querer exponerte a alguien más? Exponerte en el sentido de hacerte vulnerable a otra persona, que es una de las cosas más difíciles de hacer, siempre trae tanto dudas como expectativas.
Como dije antes, mi relación con él trajo muchos problemas. Pero, paradójicamente, yo estaba feliz con mis problemas, porque sabía lo que resultaba cada vez que los resolvía, cada vez que superaba un obstáculo.
Lo que uno hace se entiende. Las maromas que hice en mi momento para verlo y estar con él son entendibles. Lo que no es explicable es el origen. ¿Qué me hacía despertarme a las 7 30 am todas las mañanas sólo para hablar con él, si mis clases empezaban a la 1? ¿Qué lo hacía a él levantarse a las 7 30 am todas las mañanas sólo para hablar conmigo, si él estaba de vacaciones?

Asímismo, ¿qué lo hizo a él empezar a cancelar nuestras citas? ¿Qué me hizo a mí querer que ya no me importara?
Así como le dije a ella. No sabemos de donde parte, pero no es algo que podamos controlar. Si así fuera, créanme que yo no estaría en esta situación. Cuando pasa, pasa y, ahí - le dije - comenzarás a notar detalles como su gesto al escribir o el aroma de su colonia.

2 Comments:

At 5/24/2005 9:22 p. m., Blogger Grandruida said...

No podria ser mas hacertado el dicho de "para quererlo hay que conocerlo"

 
At 7/10/2005 4:05 a. m., Blogger Kiki said...

ciertamente... ciertamente...

 

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